Aquel era el primer sábado que iba a salir. Se arregló para esa cena sin saber nada de lo que dentro de horas iba a ocurrir. Ya allí con su amiga, bailando sin descansar, empezó a notar las gotas de sudor por su cuerpo. Los chicos querían bailar con ella, y ella disfrutaba mientras. Pasaban las horas y su cuerpo seguía moviéndose al ritmo de la música, saludaba a conocidos, seguía bailando, le regaló sus besos a aquel chico atractivo, pero entonces le vió. Le conocía, le resultaba un tanto familiar y con unas copas de más y sin una pizca de vergüenza se le acercó y se presentó. Él no debería haber estado allí, pero así lo decidió el destino. No sabía que a partir de ese 21 todo cambiaría, todo daría una vuelta de 180 grados.
Así son los pequeños acontecimientos de la vida, no te das cuenta al principio de lo importantes que pueden llegar a ser.

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