Ella era una pared de cemento, una roca por dentro. O al menos, eso creía... Hasta que llegó él. Ese chico que le hizo perder sus esquemas, sus balanzas, incluso sus propias promesas. Ella se había prometido no hacer planes de futuro, no depender de absolutamente nadie, y sobretodo, no enamorarse. Pues de nada sirvió, porque las tres cosas se cumplieron... Y también se rompieron. Ella pensaba que las promesas no valían nada porque se rompían con bastante facilidad, pero él la dejó soñar y fantasear y sin darse cuenta, estaba haciendo las tres cosas que se había prometido no hacer.
Él la hacía reír, lograba que se olvidase de todo lo malo, él supo cómo enamorarla y lo consiguió. Pero claro, ella sabía que todo eso no podía ser tan perfecto y eso fue tan cierto hasta tal punto de hacerse daño mutuo muy constantemente.
Ella decía que estaba bien, pero no, nada dentro de ella estaba bien y él lo sabía, era su confidente y quiso ayudarla. La frustración llegó a él cuando no pudo hacer nada, cuando veía que todo se desmoronaba y él con ella. Entonces, las lágrimas se intensificaron, día sí, día también.
Como no podía ser de otra manera, llegó aquel temido día, y ella no lo pudo creer, no lo pudo aceptar. Sólo pensaba en lo mucho que duele el amor.
Y así es, sólo tenía dentro dolor, dolor y lágrimas para derrochar. Ahora, se arrepiente tantísimo de haberla chafado muchas veces. De haber pensado que él estaría para ella siempre. Y es que los 'siempres' no existen y ella más que nadie lo sabía, pero no quiso asumirlo, porque a su lado todo era un poco más llevadero.
Se sentía abandonada, en parte por su propia culpa, pero por otra no podía dejar de preguntarse: "¿por qué?". Y yo pregunto: "¿por qué no?". Supongo que a todos nos toca algo malo pero me duele en el alma verla así. Tiene sentimientos contradictorios. Por un lado quiere volver a estar con la persona a la que ama. Por otra, sólo puede sentir sufrimiento al recordar esas promesas rotas. Al pensar que se dejó llevar y ahora nada será igual. Ni su supuesto increíble verano, sus días de sólo risas, cosquillas y besos. Ni todos aquellos planes que se han ido al garete. No dejó que el formara parte de su vida, ÉL ES SU VIDA. A veces, él parece no darse cuente de lo que en realidad todo esto le hace daño, le causa dolor y la hace sentir mal, incluso culpable.
Y es lo que peor lleva, la parte más jodida, y es que esto, al fin y al cabo, son las consecuencias de amar con locura a una persona.

