Instagram

lunes, 20 de octubre de 2014

Por qué no volvemos. Recuérdamelo, por favor. Por qué no nos queremos de vuelta, de segunda mano o de ocasión. Por qué. A ver, si es que había tantas razones, es que te juro que las había. Es que hasta las llegué a apuntar en algún sitio. Y ahora va y no las encuentro. Justo cuando más las necesito. Justo cuando sólo recuerdo todo aquello que juré olvidar. Así que si no te es mucha molestia, recuérdame por qué no nos dejamos de hostias. O por qué me las sigo dando yo.
Por qué no volvemos. Por qué me despierto y lo primero que hago es pensar en tus fotos. Pero si las metí en el fondo del cajón ese que ya ni abro. El de las cosas perdidas aposta. El de los recuerdos que son demasiado grandes para llevarlos encima. Malditas fotografías. Malditas emulsiones enmarcadas en vidrio. Escaparates de 15x9 que ya sólo te venden saldos, instantáneas con retraso de lo que pudo ser y no fue. Por qué las escondí allí, si se me agarran a la retina día sí día también. Por qué hago ver que no las veo, si no me hace falta ni mirarlas, si ya me las sé.
Por qué no volvemos. Por qué no dejo de seguir tus pasos. Por qué entro de puntillas en las redes sociales como quien entra a por algo que se dejó. Por qué analizo tus fotos, tus gestos, tus lugares y tus palabras. Por qué veo en cada nuevo amigo o contacto tuyo un potencial enemigo. Por qué me da miedo que me olvides con ellos, que me entierres sin mí. Por qué busco señales que al fin y al cabo tú ya no emites. Por qué. Eh. Por qué.
Por qué no volvemos. Por qué no he sido capaz de volver a sentarme en la única mesa maldita de nuestro restaurante. Por qué salgo todas las noches como si nada, como si jamás te hubiese conocido. Y por qué les acabo pidiendo a todas que hagan de ti. Que les gusten tus mismas cosas. Que se rían como lo hacías tú. Por qué las comparo siempre contigo. Qué culpa tendrán ellas de no alcanzarte. De no saber que me exististe. De no poder acabarse este final.
Por qué no volvemos. Por qué sigo mirando el móvil cada dos horas simplemente para ver si estás en línea. Por qué empiezo a escribir siempre el mismo mensaje. Uno que arranca con un por qué no volvemos. Uno que sigue explicándote cuánto te echo de menos. Que ya casi olvidé tus defectos. Que me quedé solo a soportar los míos. Que ya es mucho soportar para una sola persona. Y por qué, cuando acabo el mensaje perfecto, le doy siempre al borrado completo en vez de al enviar. Por qué no te llamo cuando tengo tantas ganas de hablar.
Por qué no volvemos. Dímelo, de verdad, tan sólo recuérdamelo una vez más. Aunque te cueste algún que otro esfuerzo. Hazlo por este pedazo de vida tuya que sigue a la deriva de los recuerdos. Por los viejos tiempos. Por este mal sabor de boca después de algo tan dulce. Por lo que fuera yo en tu vida. Por lo que sea. Por lo que fui.
Yo la verdad es que no he aprendido. Sigo estando igual. Me siguen haciendo daño las mismas cosas. Me siguen emocionando las canciones de siempre. Sobre todo ahora, que sé que en realidad todas me hablaban de ti. Me sigo haciendo muchas trampas al solitario. Me veo con los mismos amigos a los que les ruego que no me hablen de ti. Hasta que les acabo preguntando yo. Ah, y he vuelto al microondas, que cocinar para uno ya sabes que no vale la pena. Supongo que soy aún más difícil. Imagino que el gas noble de mis manías se habrá expandido hasta ocupar parte del hueco que dejaste tú. Y seguramente, a base de vivir conmigo, me habré vuelto mucho más yo.
Por eso, te podría decir que he cambiado. Que ahora sí que sí. Que ahora entiendo por qué no funcionó lo nuestro. Que por qué no volvemos. Que por qué no intentarlo, sabiendo lo que sabemos. Pero te estaría mintiendo, y lo haría simplemente para conseguirte de nuevo, para volverte a tener, para volverme a dar a ti.
Nos estaríamos engañando de nuevo.
Y volveríamos dispuestos a ello, tan sólo por lo mucho que nos queremos.
Tan absurdo como cuando estábamos juntos y tras cada silencio resonaba siempre la misma pregunta.
Por qué no lo dejamos.

Maravilloso texto, un nombre.
http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/por-que-volvemos-3593964

martes, 23 de septiembre de 2014

Nadie más que tú mismo te hará gratamente feliz y satisfecho.

Puede que alguien lea esto, puede que no, pero aún así aquí lo dejo.

¿Creéis en el destino? ¿En qué todos y cada uno de nosotros tiene un destino pre-diseñado, incluso antes de nacer? Sinceramente, tengo visiones opuestas ante esta idea.
Creo que sí, que cada una de las personas que componen el mundo nacieron con un fin, ya sea más grande o exorbitante, o algo más pequeño pero igual de importante. También soy de esas que opinan que todo pasa por algo, cualquier evento, acontecimiento, momento, ocurre por un motivo. Las personas que llegan y pasan por nuestra vida no estuvieron ahí de "chiripa", y mucho menos sin algo que aportarnos. Bueno o malo, claro. Magnífico o terrible. Amor, traición, amistad, dolor... Algo.

El ser humano tiene tanto que dar, tanto que ofrecer, tanto que crear, inventar, imaginar, soñar. Pero sobre todo, tiene mucho que obtener. Aquí mi versión del destino. No creo en los fracasos eternos, ni en esas largas malas rachas. Tenemos el poder de cambiar, de mejorar, de conseguir lo que queremos, pero sólo si de verdad lo ansiamos y luchamos. Si creemos en nosotros mismos y nos dejamos la piel no hay nada que se interponga entre nuestros objetivos y metas.

¿No creéis que suena muy bien? Si todos pensásemos igual... pero lamentablemente no es así. Se necesita valentía, fuerza, voluntad, y apoyo para pensar así, para querer pensar así. Y no todos poseemos eso. 

¿Y si dejásemos de pensar en el futuro? ¿Y si nos centrásemos en vivir, disfrutar, luchar en el presente? Piénsalo: Nadie más que tú mismo te hará gratamente feliz y satisfecho.






lunes, 26 de mayo de 2014

Recuperando.

Una palabra: insomnio. Tan simple como ocho letras, pero tan molestas como un mosquito resonando en la oreja. Ya puede haber pasado un fin de semana catastrófico, haber trabajado hasta tarde y estar físicamente y mentalmente agotada, que ella está ahí para amargarle la existencia. Qué rabia. A veces, simplemente las cosas suceden porque sí, pero desde mi punto de vista, todo, y digo todo, hasta el más mínimo evento insignificante como encontrarse al vecino saliendo por el portal, pasa por algo. Y esto, es lo que a ella le da fuerzas. Le da fuerzas para pensar que aquel hombre que la hizo sonreír esa tarde, era porque lo necesitaba, que aquella reprimenda le tenía que enseñar una lección, e incluso que aquella amiga estuviese precisamente en el momento indicado. 

Algo que intento grabarme en la cabeza, es que tanto las personas como los sucesos ocurren por y para algo. Las personas, la familia, los amigos, los compañeros, las relaciones, te dejan un trocito de ellos. Ya sea para aprender de ellos, para que ellos aprendan de ti, para dejarte experiencias buenas o no tan buenas, para enseñarte, para dejarte recuerdos imborrables, indiferentemente de que sean buenos o malos. Las cosas no pasan porque sí, hay que dejarlas que transcurran y dejarse llevar. No se puede evitar lo inevitable, y además pregunto ¿para qué evitarlo? Tarde o temprano, de una manera u otra, ese "algo" que lo maneja todo, hará que ocurra.

Puede que simplemente esté divagando un poco, o que, en realidad, esté dejando salir mis sentimientos de la mejor manera que sé: escribiendo. Pero lo que sí sé, es que me he hecho una promesa (esas que tanto odio) a mí misma, y que la voy a cumplir. 

No dejaré que nada ni nadie estropee eso, y si no es hoy mi mejor día, ni mi mejor semana, ni mi mejor mes; será mañana mi mejor día, mi mejor semana y mi mejor mes.

sábado, 22 de marzo de 2014


Estoy intentando hacerme amigo del miedo, 
y reírme a carcajadas cada vez que puedo. 
Estoy intentando sonreír a cada niño con el que me cruzo, 
y sumergirme en cada relación con el oficio de un buzo. 

Estoy intentando no darle importancia al hecho de que no seas como te había imaginado, estoy intentando jugar sin que me importe el resultado, relajarme cuando quiero usar el bate, pero está ocupado. 

Estoy intentando ser consciente de que el sol sigue ahí arriba, 
estoy intentando controlar mi ira, no tragar de golpe y así, poco a poco, saborear la vida. 

Estoy intentando decir la verdad, y hacerlo de la manera que menos duela, dejar de usar la rueda y gastar más suela. 
Estoy intentando no echar la culpa a otros cuando algo sale mal, 
pisar un suelo más natural, salir de vez en cuando de esta ciudad áspera y artificial. 

Estoy intentando aprender a sonreír cuando me demuestran que me equivoco, a dejar de disimular que soy un loco
a sentir la energía de cada pequeña cosa que toco.

Estoy intentando dibujar sonrisas en mi barrio, 
intentando decidir si prefiero unos ojos o unos labios, 
estoy intentando memorizar cada sueño cuando me despierto, 
y caminar sin dudar, porque cada instante de duda es un instante muerto. 

Estoy intentando hablar más con desconocidos, 
y no girar la cabeza cuando alguien me mira demasiado. 
Estoy intentando ser neutral y objetivo, tomarme la vida con la perspectiva del que no se queja aunque tenga algún motivo. 

Estoy intentando escribir y vivir para volver a escribir y hacer de ese círculo un maravilloso jardín en el que existir. 
Estoy intentando callar cuando no sé qué decir, 
plantarme y discutir antes que agachar la cabeza y huir. 

Estoy intentando dar de comer a cosas invisibles, y a enamorarme de cosas insignificantes, 
y a no darle importancia a esas cosas que nos venden como grandes. 
Estoy intentando pensar más en los que me quieren, reírme de mis fobias. 
Estoy intentando que mi corazón no se acelere si se acercan quienes me odian. 

Estoy intentando asumir que el mundo no es justo, y que el rencor de otros es lógico, y que el amor se marchita si no lo riegas, y que la muerte no avisa cuando llega, y que quién juega limpio no siempre recibe apoyo. 

Estoy intentando dedicar más tiempo a mirar las estrellas, a beber más agua, a abrazar, a besar, y a dar muestras de afecto sin un motivo aparente. 

Estoy intentando ser más imperfecto, a hacer lo incorrecto, ser mas imprudente. 
Estoy intentando liberar al payaso que encerré en la mazmorra de la vergüenza hace tiempo ya, a no hacer algo porque lo hagan los demás, 
a hablar con los animales y a tratarlos como a iguales. 

Estoy intentando ser mas insensato y así amar y entregarme sin medida. 
Ser feliz aunque sea a ratos y darle un sentido a esto que llaman vida. 




No se si lo conseguiré pero créeme, lo estoy intentando.

miércoles, 22 de enero de 2014

61217

"¿Por qué todo empieza y acaba con tanta facilidad? ¿Por qué no hay ganas de construir, de seguir adelante, de renunciar, de ser fuertes?"

Mirándolo desde otro punto de vista, ya no lo creo así. Si algo se tiene que acabar, se acabará, pero eso no significa el fin de todo, más bien es el comienzo de algo nuevo. Y todos sabemos que lo nuevo se agarra con más fuerza, incluso intentamos no soltarlo. Lo nuevo siempre viene bien, nos consigue alegrar los días, apreciar lo bonito, los detalles pequeños pero importantes.

Si algo se va de nuestro lado, o simplemente ya no nos funciona, quitémoslo, todo tiene su tiempo, y el tiempo pasa y caduca, y con ello todo tipo de relaciones u objetos. Relaciones amorosas, relaciones afectivas, de amistad, las relaciones profesionales, todo.

Nos preocupamos cada vez que perdemos algo, y nos encerramos en eso. Mirémoslo desde otra perspectiva.

Como dice mi querido amigo Pablo Coelho en su libro "El Aleph":

"Cuando estamos ante una pérdida, no sirve de nada recuperar lo que ya se fue; es mejor aprovechar el gran espacio abierto y rellenarlo con algo nuevo. Teóricamente, toda pérdida es por nuestro bien."



Nada más que añadir.