Principios de Junio.
Entonces cayó. Era él, su aura lúcida, la que la hace estremecerse cada vez que pasa a su lado. Algo tiene. Esa mirada con sus ojos marrones y sus pestañas que sobresalen un poco más que de costumbre. Esa bonita sonrisa, perfecta en su imperfección. Y esos labios gruesos y carnosos. Tiene ganas de probarlos, perderse en ellos hasta dejarlos sin sabor. Pero entonces recordó ese sentimiento y esas palabras.
-Para siempre.
-Cuánto quieras.
-Ya dije que para siempre.
-Entonces será así.
Y ahí estaba ella, sin él y una promesa menos. Una más de tantas palabras dichas que fueron arrastradas hacia quién sabe dónde. Pero no por eso se iba a detener, dentro de ella estaba despertándose eso que había guardado durante un año entero. Con repentina alegría, sonrió y siguió caminando.

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